Aires de cambio

A continuación reproduzco un artículo o reflexión – viene a ser lo mismo en este caso – que nos ha remitido José Ramón recientemente, entre otras cosas. Espero que nos lleve a reflexionar sobre la necesidad que tenemos l@s docentes de ‘cambiar’ , de adaptarnos a los tiempos, con todo lo que ello implica:

SÁNCHEZ GUERRERO, Mª Eugenia (2010): “Toda una osadía” (Escuela Española, 7.10.2010 –nº 3878); 4

“Tengo un amigo del alma al que le gusta coleccionar citas. Es una de las muchas cosas que compartimos, porque a mí, también. Coleccionarlas y aprender de ellas. Me gustan las frases célebres de grandes e ilustrados pensadores, pero no menos, aquellas expresiones que nuestros padres utilizaban con nosotros a diario y que ahora, ya mayor, soy capaz de descubrir toda la sabiduría que encerraban. Hoy me he encontrado con una hermosa frase de Gandhi que, en estos tiempos en los que todos piden ‘cambios’, me ha hecho reflexionar: “Nosotros mismos debemos ser el cambio que deseamos ver en el mundo”. Y es que resulta tan fácil pedir que los otros cambien…, que cambie el Estado, que cambien los sindicatos, que cambie la directora de mi centro, las familias, el alumnado…,que cambien todos y todo…, menos yo. Quizá cuando tomemos conciencia de que la clave de nuestra felicidad está en nosotros mismos y en las elecciones que hacemos cada día, nos sorprendamos al descubrir que cuanto nos rodea, va cambiando inevitablemente.

Por eso me gusta la gente que no solo no teme a los cambios, sino que los reconoce como única forma de crecimiento. Me gusta la gente que, lejos de quedarse llorando en un rincón ante la adversidad, ante las crisis, renueva su fortaleza, alienta su ánimo y se calza las botas de trekking para sortear mejor las piedras del camino. La gente que ‘crea’, que construye, que aporta, que piensa que las cosas pueden mejorar e intenta cambiar hasta lo más arraigado o establecido. La gente que sabe cuándo callar para ser escucha y cuándo hay que alzar la voz en medio del más profundo silencio. Gente que suele tener tantos amigos como enemigos y que, para sorpresa de algunos, rara vez le importa. La gente que, cuando la vida le regala una nueva oportunidad, no teme barajar de nuevo sus cartas y aventurarse a una nueva partida. Por eso suelo huir de aquellos cuyos discursos se limitan a la eterna queja por todo, al silencio impasible y estéril, a la culpabilidad de los otros o al ‘todo va bien’. Es cierto que no me gusta el mundo en el que vivo, por eso, quizás sigo siendo maestra. Pero creo en lo que, con tanta sabiduría, me decía mi madre: “todo tiene solución, menos la muerte”. Creo en las soluciones, en las posibilidades de progreso, en la mejora de nuestro sistema educativo y en la creación de una nueva sociedad. Se avecinan aires de cambio y nosotros, valientes, osados, tendremos que ser los primeros en transformarnos a nosotros mismos”.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en La Escribana y etiquetada . Guarda el enlace permanente.